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Según Perfil, Walter Correa despidió a Eduardo Felipe Vallese por pedir judicialmente la renuncia de la expresidenta al PJ. El ministro justificó la purga ideológica alegando que no tolerará acciones «inorgánicas» dentro de su cartera, silenciando el disenso interno.

La interna del peronismo bonaerense cruzó un nuevo límite institucional este martes con el despido sumario de un funcionario por razones estrictamente ideológicas. Walter Correa, ministro de Trabajo de Axel Kicillof, decidió echar a su asesor Eduardo Felipe Vallese luego de que este solicitara ante la Justicia la renuncia de Cristina Kirchner a la presidencia del Partido Justicialista. Lejos de ocultar los motivos, el ministro hizo pública una justificación que expone la verticalidad autoritaria del espacio: a través de un comunicado en sus redes sociales, sentenció que bajo su gestión «no hay lugar para librepensadores inorgánicos», confirmando que la disidencia política se castiga con la expulsión del cargo.

El funcionario purgado no es un militante cualquiera, sino el hijo de Felipe Vallese, el primer desaparecido de la historia del peronismo, lo que añade una carga simbólica al disciplinamiento impuesto. Su «falta» fue presentarse ante el Juzgado Nacional con Competencia Electoral, a cargo de María Servini, para impugnar la continuidad de la exmandataria al frente del partido. Para Correa, esta acción «inconsulta» fue suficiente para dejarlo «inmediatamente» fuera de funciones, argumentando que si bien el accionar puede ser legítimo para un afiliado, no cuenta con el aval de la cartera que conduce, priorizando la lealtad facciosa por sobre la libertad de acción cívica.

La medida disciplinaria contrasta notablemente con el discurso que intenta instalar el gobernador Axel Kicillof, quien días atrás, durante un acto en la Universidad Nacional de Quilmes, pidió «patear la mesa» y construir una alternativa «democrática y participativa» que no acepte «pensamientos que bajen de ningún lado». Sin embargo, la realidad de su gabinete muestra otra cara: mientras el mandatario habla de renovación y debate, sus ministros ejecutan purgas contra quienes se atreven a cuestionar el liderazgo de Cristina Kirchner, a quien Correa defendió alegando que es víctima de una «causa amañada» impulsada por la «oligarquía».

Este episodio desnuda la ferocidad de la guerra fría que atraviesa al oficialismo provincial, dividida entre el kicillofismo y La Cámpora. La intolerancia al disenso interno se cobra su primera víctima administrativa en un contexto donde las tensiones son inocultables, como lo demostró la reciente ausencia de la intendenta camporista Mayra Mendoza en los actos del Gobernador y sus reclamos públicos de fondos. Con el despido de Vallese, el mensaje hacia adentro de la estructura bonaerense es claro: el alineamiento con la conducción de Cristina Kirchner no admite matices, y cualquier intento de autonomía política será sofocado, incluso si proviene de apellidos históricos del movimiento.

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