El desempeño del equipo bajo la presidencia de Juan Román Riquelme en los enfrentamientos contra sus rivales históricos muestra una paridad que preocupa a los socios.
El presente futbolístico de Boca Juniors es objeto de un profundo debate entre analistas y fanáticos debido a una tendencia que se ha consolidado en los últimos años. Se ha puesto el foco en la deuda del Boca de Riquelme en los clasicos, ya que estadísticamente no le saco ventaja a ningun grande en lo que respecta al historial directo de victorias y derrotas desde que asumió el control del fútbol profesional. Si bien el club ha obtenido títulos locales importantes, la falta de supremacía sobre River, Independiente, Racing y San Lorenzo es un dato que resuena con fuerza en los medios deportivos. Los críticos señalan que el equipo suele sufrir en los duelos de alta tensión, costándole imponer su estilo de juego frente a los rivales de mayor jerarquía. Por otro lado, desde la dirigencia defienden los resultados obtenidos resaltando la competitividad del plantel y la promoción de juveniles de la cantera que han debutado en estos encuentros trascendentales. El próximo clásico será vital para intentar revertir esta imagen y brindar una alegría a la parcialidad xeneize que exige mayor contundencia en estos duelos históricos. La falta de un funcionamiento colectivo estable ha sido el principal obstáculo para lograr rachas ganadoras prolongadas contra los otros integrantes del «big five» del fútbol nacional. Los números indican que la mayoría de los enfrentamientos han terminado en empates o victorias ajustadas repartidas para ambos lados. Para Riquelme, ganar estos partidos no es solo una cuestión de puntos, sino de reafirmar su proyecto deportivo frente a los cuestionamientos de la oposición. La Bombonera será el escenario donde el equipo busque saldar esta cuenta pendiente en las próximas jornadas del torneo local.






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