La magistrada Michelli obtuvo la aprobación de la cámara alta del Congreso para su designación judicial, a pesar de las objeciones que había planteado Milei desde el Ejecutivo. La votación senatorial permitió que su nombramiento avanzara en el proceso institucional, sorteando los obstáculos políticos que había enfrentado.
En la sesión legislativa, Bullrich optó por abstenerse, alejándose así de la posición que el Gobierno había mantenido frente a este pliego. Su decisión de no participar en la votación representa una grieta en la unidad del oficialismo respecto de este tema específico.
Milei había expresado su desacuerdo con la candidatura de Michelli, indicando una línea clara de rechazo desde el Ejecutivo hacia este nombramiento. Sin embargo, los votos de los senadores no acompañaron esa postura, dando lugar a la confirmación de la jueza.
Este resultado refleja dinámicas complejas dentro del Senado Nacional. Aunque el Gobierno dispone de bancadas legislativas, no logró articular los votos suficientes para bloquear la designación. Esto evidencia límites en la capacidad del Ejecutivo para imponer su voluntad en materia de nombramientos judiciales.
La confirmación de Michelli marca un precedente en la relación entre el Ejecutivo y el Senado durante esta gestión. Muestra que las decisiones sobre composición del Poder Judicial no quedan únicamente bajo control presidencial, sino que requieren legitimación legislativa que no siempre se alinea con los intereses del Gobierno.
Imagen: Rafael Rodrigues / Pexels – Con informacion de El Cronista






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