Casi cinco siglos de historia argentina están inscritos en la genética del bovino criollo. Desde el desembarco de los españoles hasta hoy, esta raza ha testimoniado transformaciones profundas del país, incluyendo los períodos turbulentos de los malones en la Patagonia, cuando se diseminó por la región pero logró perdurar contra todo pronóstico.
Su supervivencia hasta la actualidad es en sí misma una prueba de su capacidad adaptativa. Sin embargo, durante décadas pasó a segundo plano frente a razas más modernas importadas. Hoy, zootecnistas de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora trabajan en restituirle el lugar que nunca debería haber perdido.
Estos profesionales son productos de una institución que se enorgullece de sus contribuciones al sector rural argentino. Entre sus iniciativas de mayor envergadura se encuentra el programa dedicado al bovino criollo, que comenzó a desarrollarse a finales del siglo pasado y que ha mantenido continuidad hasta el presente.
El bovino criollo no es solo un vestigio del pasado, sino un activo biológico con características productivas concretas. Ha demostrado ser extraordinariamente resistente a condiciones adversas, eficiente en la conversión de alimentos locales y capaz de prosperar en territorios donde otras razas requieren mayores insumos de manejo.
Los estudios conducidos desde Lomas de Zamora han permitido mapear estas capacidades y proyectarlas hacia contextos productivos contemporáneos. El resultado es una propuesta seria de reincorporación del bovino criollo a sistemas ganaderos comerciales.
Lo que se busca es que el sector productivo reconozca el valor diferencial que aporta esta raza. Su incorporación a cadenas productivas modernas no significa renunciar a la eficiencia, sino ampliar las opciones disponibles con un animal que trae consigo siglos de comprobada adaptación al terreno argentino.
Imagen: Maria Fonseca Bauza / Pexels – Con informacion de Bichos del Campo






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